Mente Lujuriosa

Los sueños, aquellos que nos hacen pasar grandes o a veces malos momentos, siempre nos tienen preparados sorpresas, cosas inimaginables, cosas impensables, situaciones sólo abarcables en el fantástico mundo de la mente. Ese mundo en el que todo lo prohibido se hace factible y deja de ser prohibido. Ese es mi mundo, en el que mis fantasias van más allá y se conectan con las de otras personas y nos hacemos uno.
Soñando, recorde aquella vez que la ví, escribiendo sus novelas que jamás se publicarían, que serìan releidas una o otra vez por ella y sus hijos.
Mujer madura, cuarentona, bien formada, de pelo largo, con sus imperfecciones cutaneas llama la atenciòn y con su inteligencia te derrite. Así me la imagine, pero desnuda, leyendo un libro y fantaseando, con cualquier hombre, atrapandolos en un mar de seducciones. Su trasero se ofrecìa al placer, se hacía participe de una aventura sin forma que iria tomando color a medida que las horas pasaran y su juego se transformara en algo peligroso, en algo llamativo, en algo mortal. Pero eso no importaba, su cuerpo era recorrido por mis manos que la tocaban y acariciaban una y otra vez, humedeciendose, llenandose de brillo y calor, de aire caliente, de sudor atrapante, y ella, frìa aún no hacía movimiento alguno, se dejaba querer y yo caliente le otorgaba todo lo que quería. Su cuerpo, empezaba a recibir dicho calor, dicho goce y yo lo sentía.
El juego sexual se desprendía de sus límites y comenzabamos a experimentar alucinaciones interestelares, magía y placer. Así recorriamos nuestro mundo, mientras la hora pasaba el peligro aumentaba, el deseo sexual no se acababa y mi imaginación tampoco, sus pezones eran dos luciernagas perdidas entre tanto placer y mi pene era más que un instrumento musical, era el coreógrafo de toda la obra, no había que realizar mucho más para sentir que todo estaba descrito.
El peligro se acercaba, por lo pronto no sentía miedo, el juego era increíble e inimaginable en el mundo de lo posible, pero en la extraña conciencia de un inconciente sabía que no era real. Su lengua recorrío mi cuerpo y volví a sumergirme en ese mundo falso y aglutinante en realidad. El peligro explotó en su cara, en su cuerpo, y no le importaba, le parecía fascinante y a mí extremo.
El descanso necesario dio cierto respiro para soportar la llegada de su legitimo amante, el padre de sus hijos y del cual ella estaba enamorado, mi mente se bloqueaba y sabía que en esa fantasía podía pasar cualquier cosa, pero esa locura no hizo más que solucionar de forma humana los problemas.
Su esposo de forma fría y enfurecida sacó un arma y la hizo explotar en mis testículos, mientras mi mente quería despejar lo que ahí pasaba, yo sentía que mi muerte se acrecaba y todo aquel placer oculto se desvaneció y fue de forma natural. Sin embargo desperté sudado y con sentimientos encontrados, muy excitado aún y con miedo por lo acontecido.
De todas formas supe que al morir yo ahí, perdía contacto con esa diosa del sexo y me permitía viajar por otras mentes para comprobar que mi mente lujuriosa estaba recien comenzando a desarrollarse.








